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Diplomacia personal

Diplomacia personal

Notas

Argentina y Estados Unidos tuvieron relaciones tortuosas signadas por la coyuntura histórica y la personalidad de sus presidentes. En la Guerra Fría, Washington imponía el orden y Buenos Aires debía acatar. Y cuando el Muro de Berlín cayó, Carlos Menem aceptó las relaciones carnales y se plegó a la agenda internacional que diseñó Bill Clinton. Fernando de la Rúa fue inadvertido por los ataques terroristas del 11 de septiembre y la familia Kirchner creyó que enfrentando a la Casa Blanca podía ubicar a la Argentina en el mundo. Esa estrategia nos aisló y puso al país en un contexto ideológico que no tenía en cuenta la implosión de la Unión Soviética, el fundamentalismo islámico, la presencia de China, la crisis interna del Mercosur y el peso de la Unión Europea.

Mauricio Macri asumió los errores del pasado y desplegó una estrategia diplomática en el G20 que fue elogiada por China y los Estados Unidos. «Celebramos el avance de la Argentina con el tema de la deuda soberana y le damos la bienvenida nuevamente a los mercados internacionales», dijo Xi jinping a Macri cuando terminó su discurso en la sesión general del G20. Y Barack Obama, una horas antes, había señalado que «Argentina rediseña su economía para beneficiar a la población entera».

Aquí está la novedad en términos de geopolítica: Estados Unidos y China compiten y se complementan, acorde a los temas internacionales. Argentina no se alinea con ninguno de los dos, busca un equilibrio y obtener beneficios tanto de Washington como de Pekín.

Y otra clave de la nueva táctica internacional se debe encontrar en la empatía que causan Macri y su esposa Juliana. No se trata únicamente de abrir la economía y pronunciar lindos discursos. La familia Macri — a diferencia de la familia Kirchner–, sonríe al otro y busca un acercamiento, aunque existan barreras ideológicas, culturales y políticas. Néstor y Cristina –en una lectura amateur de Laclau y Mouffe–, pensaban que construían soberanía con el maltrato, las frases altisonantes y el escaso rigor histórico en las presentaciones internacionales. Cristina zamarreó al presidente de los Estados Unidos en la Cumbre de Panamá, sin considerar que una hora más tarde Obama se reunía con Raúl Castro para anunciar que un nuevo tiempo se iniciaba entre la Habana y Washington.

Se llama Diplomacia Personal. Consiste en crear vínculos afectivos, desde una perspectiva de Estado, sin que impliquen relaciones carnales o el apaciguamiento de Munich. Es complejo y difícil enfrentar la ley de gravedad política ante países como Estados Unidos o China. Pero parece que Macri cumple con su cometido: mejoró los acuerdos que CFK había firmado con Xi y logró que Obama apoyara las negociaciones con los Fondos Buitres. Asumiendo que Argentina tiene graves dificultades económicas, el Mercosur agoniza y la política mundial se cocina a miles de kilómetros de Buenos Aires.

Con dos fotos alcanza para comprender desde dónde salimos y hacia adonde vamos:

Cristina y Obama, cumbre de Panamá.  Abril 2015
Cristina y Obama, cumbre de Panamá. Abril 2015.
Macri y Obama en el G20 de China. Septiembre 2016.
Macri y Obama en el G20 de China. Septiembre 2016.