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Hipocresía Mortal

Hipocresía Mortal

Notas

No es un secreto de Estado. En las fiestas electrónicas se venden y se consumen drogas sintéticas. Las fuerzas de seguridad no controlan como corresponde y los responsables del evento son cómplices: sin estimulante, no hay fiesta. Y sin fiesta, no hay negocio.”Están vendiendo una pastilla roja que es berreta, no la tomen”, fue el mensaje que circuló por Whatsapp en Costa Salguero. Los traficantes estaban adentro, impunes, vendiendo a cara descubierta. Ya asesinaron a cinco inocentes. Y la lista puede engrosar con las horas.

El Gobierno de la Ciudad asegura que hizo todos los controles, y es obvio que no sirvieron para nada. Horacio Rodríguez Larreta debe convocar a su gabinete para redactar una nueva legislación que evite la repetición del crimen. Los traficantes estaban adentro y sortearon a sus funcionarios administrativos, que se fueron de Costa Salguero horas antes de la tragedia mortal.

Las víctimas consumieron Superman, un droga sintética que pertenece a la familia de las anfetaminas y las metanfetaminas. Es una pastilla de forma romboidal, roja, amarilla o naranja con una S en el centro, que en la Argentina se vende entre los 800 y los 1200 pesos. Superman se originó en Bélgica y Holanda, y el verano pasado asesinó a cuatro consumidores en fiestas electrónicas organizadas en Gran Bretaña.

“Esta droga estimula el sistema nervioso central, genera el aumento del ritmo cardíaco y la tensión arterial, además de la percepción y la actividad. Produce en el cuerpo una sensación de euforia, y desinhibición total muy buscada por los jóvenes en este tipo de fiestas donde no se para de bailar, saltar y relacionarse con otros”, explicó Marta Braschi, integrante del departamento de Toxicología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.

La causa está en manos de Sebastián Casanello, el juez federal que tardó años en citar a Lázaro Báez, socio de Cristina Kirchner en sus hoteles y sus emprendimientos inmobiliarios. Esperemos que Casanello, en esta oportunidad, no pierda el tiempo. Ya no se trata de billetes contados en Puerto Madero. Hay cinco vidas que terminaron en una fiesta electrónica. Y los responsables deben pagar sus cuentas.

Rápido y sin clemencia.