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Muñeca brava

Muñeca brava

Notas

María Eugenia Vidal fue precisa cuando llegó la información. “No aceptamos las valijas. Y vamos a fondo contra la corrupción. Donde esté. Y me banco las consecuencias”, les dijo a los funcionarios más cercanos de su gabinete. Y cumplió: ahí están los coimeros de siempre, sin saber qué hacer con las valijas que protegían sus negocios sinuosos y opacos.

Por eso, las amenazas. Vidal avanzó sobre la corrupción policial, la corrupción en las compras del Estado y en la persecución de los delitos complejos, que se habían transformado en una caja de la política.

Mauricio Macri respalda a la gobernadora bonaerense, pero poco se puede hacer aún desde las estructuras del Estado. Los servicios de inteligencia parecen una cloaca y las fuerzas de seguridad tienen muchas terminales con los barones que entregan las valijas a la corporación política. En este contexto, las amenazas se replican y las investigaciones por ahora terminan en los perejiles que llamaron desde la cárcel.

“La triple fuga fue armada para voltear a Vidal y además para eliminarnos y no podamos acusar a Aníbal Fernández”, reveló Martín Lanatta, sentenciado por el Triple Crimen.

La pulseada ya está planteada. Vidal seguirá con su política de Estado y la mafia tratando de preservar su coto de caza. Sólo habrá un punto de inflexión, si las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia encuentran a los responsables de las amenazas. Y aquí la responsabilidad política incluye también a la oposición justicialista, que administró la provincia de Buenos Aires en los últimos 26 años.

La ausencia de apoyo institucional, puede ser asumido como complicidad política o penal.